Duraría toda una vida, toda mi existencia por un solo beso. La había perdido por ser un imbécil. Ahora ella se acercaba, taconeando con fuerza, sentía que me estaba arrepintiendo antes de decir nada. Me asestó un bofetón, simplemente giré la cara y luego bajé la cabeza esperando su reprimenda, ella solo suspiró con fuerza y se marchó por donde había venido. Alguien me sujetó de la cintura y yo me deshice de su mano rápidamente. La seguí a través de los pasillos vacíos, la encontré apoyada en una taquilla, corrí los pasos que nos separaban y antes que ella opusiera alguna resistencia la besé. Poseí sus labios una vez más, mientras ella hacía grandes esfuerzos por mantener el aire en sus pulmones. La adoraba, y había tenido que hacerle daño para darme cuenta.